Estábamos desnudos en su cama. En ese momento me dio la sensación de estar en el lugar correcto. Todo se sentía bien. Mi cuerpo calzaba perfecto sobre el suyo. Entonces me acarició el pelo, luego la cara, me miró a los ojos, exhaló largo y me dijo: “Eres tan bonita”.
Pero sonó como un lamento….
Quizás él siempre supo que los momentos perfectos duran poco.